Jane Eyre

Jane Eyre

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Al día siguiente me decidí a actuar. Ya no podía seguir guardando en secreto mis planes: el éxito de mi empresa pasaba por hacerlos públicos. Obtuve una cita con la supervisora durante el recreo del mediodía y le comuniqué que me había surgido la posibilidad de obtener una nueva colocación donde el salario sería el doble del que cobraba entonces (quince libras al año); le pedí después que expusiera el asunto al señor Brocklehurst o a algún otro miembro del comité y averiguara si me permitirían usar sus nombres en mis referencias. Ella se avino de buena gana a mediar en el asunto y se lo transmitió al día siguiente al señor Brocklehurst. Este dijo que era forzoso comunicárselo por escrito a la señora Reed, ya que seguía siendo mi tutora. La respuesta de dicha dama no tardó en llegar afirmando que «yo podía hacer mi santa voluntad, ya que hacía mucho tiempo que ella había renunciado a interferir en mis asuntos». Esta nota fue leída por todo el comité y, por fin, después de una demora que se me hizo casi insoportable, recibí el permiso formal para buscar una mejora en mis condiciones laborales, junto con la promesa de que me facilitarían un certificado, firmado por los inspectores de la institución, que dejara constancia de mi buen comportamiento en Lowood, tanto en los días de alumna como de profesora, alabando mi carácter y mis habilidades.



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