Jane Eyre
Jane Eyre —Supongo que ha terminado la clase de la mañana.
Se dirigió a mà desde una habitación cuyas puertas estaban abiertas. Entré al oÃr su voz: era una sala amplia y lujosa con la tapicerÃa y las cortinas de color violeta, en la que podÃa verse una alfombra turca, las paredes cubiertas de nogal, cristales policromados en las ventanas y un techo altÃsimo finamente moldeado. La señora Fairfax quitaba el polvo de unos jarrones de color violeta que habÃa sobre un aparador.
—¡Qué hermosa habitación! —exclamé, mientras mis ojos recorrÃan la estancia. En la vida habÃa visto una sala la mitad de majestuosa que aquella.
—SÃ, es el comedor. Acabo de abrir las ventanas para que se airee un poco. Estas habitaciones cogen mucho olor a cerrado si se usan poco. El estudio del señor, por ejemplo, parece una cripta.