Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El suelo era duro, el día sereno y el camino solitario. Caminé deprisa hasta entrar en calor, y luego acorté el paso para analizar y disfrutar de las placenteras sensaciones que el lugar y el momento provocaban en mí. Eran las tres de la tarde, el reloj de la iglesia sonó justo cuando pasaba por debajo del campanario. El encanto de la hora consistía en la proximidad del crepúsculo, en la agonizante luz del sol, que palidecía al ocultarse tras el horizonte. Estaba a unos dos kilómetros de Thornfield, en un prado que solía llenarse de rosas en verano, de avellanas y moras en otoño, y que incluso ahora poseía tesoros en forma de bayas y escaramujos silvestres. Su mayor atractivo en invierno, sin embargo, residía en la soledad que emanaba del desnudo paisaje. Ni una ráfaga de viento lograba arrancarle el menor ruido: no había un solo acebo ni ninguna otra hoja que crujiera a su paso; los desnudos espinos y los arbustos permanecían tan inmóviles como las blancas y gastadas piedras desperdigadas por el camino. A ambos lados se extendían solo campos, yermos de ganado, y los pequeños pájaros de color castaño que de vez en cuando se posaban sobre el seto asemejaban hojas secas que habían olvidado caer.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker