Jane Eyre
Jane Eyre —Me dieron un golpe que me hizo caer —contesté de nuevo, herida en mi amor propio.
Y, mientras el señor Lloyd se servÃa una pizca de rapé, añadÃ:
—Pero no fue eso lo que me enfermó.
Justo cuando él devolvÃa la caja a su bolsillo, sonó la campana que llamaba a los criados a comer.
—La llaman, niñera —dijo el farmacéutico—. Baje a comer. Yo hablaré con la señorita Jane hasta que usted vuelva.
Bessie habrÃa preferido quedarse, pero la puntualidad en las comidas era una de las normas más inquebrantables de Gateshead Hall.
—Si no fue la caÃda lo que la puso enferma, ¿qué fue, entonces? —prosiguió el señor Lloyd una vez Bessie hubo salido.
—Me encerraron en una habitación en la que hay un fantasma hasta bien entrada la noche.
El señor Lloyd sonrió y frunció el ceño a la vez.
—¡Un fantasma! ¡Al final resultará ser una niña pequeña de verdad! ¿Le dan miedo los fantasmas?