Jane Eyre
Jane Eyre —¿Por qué?
—Porque era pobre, y un estorbo para ella. Le resultaba antipática.
—Pero ¿Reed dejó hijos? Usted debe de tener primos. Sir George Lynn estuvo hablando de un tal Reed de Gateshead ayer mismo, de quien dijo que era uno de los mayores truhanes de la ciudad; y el señor Ingram mencionó a Georgiana Reed, cuya belleza fue muy admirada en Londres hace un par de temporadas.
—John Reed ha muerto, señor. Se arruinó y casi arruina a su familia; aparentemente, se suicidó. La noticia afectó tanto a su madre que sufrió una apoplejÃa.
—¿Y qué bien puede usted hacerle? ¡No diga tonterÃas, Jane! Jamás en la vida me plantearÃa viajar más de cien kilómetros para ver a una vieja dama que quizás haya muerto antes de que llegue. Además, ¿no me ha dicho que la echó de su casa?
—SÃ, señor, pero eso fue hace mucho y en circunstancias muy distintas. No podrÃa quedarme tranquila si no cumpliera con sus deseos.
—¿Cuánto tiempo piensa quedarse?
—Lo menos posible, señor.
—Prométame que no estará fuera más de una semana…
—Es mejor que no le dé mi palabra, señor. PodrÃa verme obligada a romper el trato.