Jane Eyre
Jane Eyre —¡Desagradable! ¡Gustarme de nuevo! Creo que nunca dejaré de adorarte. Es más, tengo que confesarte que no será solo cariño: te amaré, con un amor sincero, devoto y constante.
—¿Y no es usted un hombre caprichoso, señor?
—Soy el peor de los demonios para aquellas mujeres de rostro bonito que carecen de alma y corazón, que se revelan como seres aburridos, frÃvolos, a veces incluso imbéciles, despiadados y de mal carácter; sin embargo, con quienes tienen la mirada diáfana y la lengua elocuente, fuego en el alma, y un carácter flexible que se inclina pero nunca se rompe, personas a la vez dúctiles y tiernas, tratables y coherentes, soy siempre considerado y sincero.
—¿Ha encontrado alguna vez a alguien asÃ, señor? ¿Ha amado a una mujer como la que describe?
—La amo ahora.
—Pero ¿y antes de m� Si es que yo puedo de alguna forma responder a ese elevado modelo.