Jane Eyre
Jane Eyre —SÃ, lo es. Aunque pueda tocarlo —le respondà apartándolo de m×. ¿Ha terminado de cenar, señor?
—SÃ, Jane.
Hice sonar el timbre y ordené que retiraran el servicio. Cuando nos quedamos solos de nuevo, avivé el fuego y me senté en una banqueta baja a los pies de su sillón.
—Es casi medianoche —comenté.
—SÃ, Jane. Pero te recuerdo que hace tiempo me prometiste pasar en vela conmigo la vÃspera de mi boda.
—Lo recuerdo, y estoy dispuesta a mantener la promesa, al menos durante un par de horas. No tengo ganas de acostarme.
—¿Ya has completado los preparativos?
—Todo está listo, señor.
—Por mi parte, también he resuelto todos los asuntos que tenÃa pendientes. Nos iremos de Thornfield mañana, media hora después de la ceremonia.
—Muy bien, señor.
—¡Con qué sonrisa tan extraordinaria has dicho esas palabras, Jane! ¡Qué hermoso brillo se extiende por tus mejillas y qué extraña luz despiden tus ojos! ¿Te encuentras bien?
—Creo que sÃ.
—¡Crees! ¿Qué sucede? Dime cómo te sientes.