Jane Eyre
Jane Eyre —Bigamia es una fea palabra, y, sin embargo, yo estaba a punto de convertirme en un bígamo. Pero el destino me ha traicionado, o tal vez ha sido la Providencia. En este momento no soy mucho mejor que un demonio, y, como el pastor no dudará en decirme, merezco que Dios me juzgue con la mayor severidad, que me condene al fuego eterno y a ser devorado por insaciables gusanos. Caballeros, mis planes se han frustrado. Lo que afirman estos señores es verdad. ¡Me casé, y la mujer con quien contraje matrimonio sigue viva! Dice que nunca ha oído hablar de una señora Rochester en la casa, Wood, pero me atrevería a asegurar que ha oído rumores sobre una loca misteriosa que está encerrada allí. Unos dicen que es mi hermanastra, otros afirman que es una amante despechada. Ahora informo a todos ustedes de que se trata de mi esposa, con quien me casé hace quince años. Su nombre es Bertha Mason, y es la hermana de este patético personaje que ahora, presa de temblor y palidez, les muestra todo lo que el corazón de un hombre fuerte puede soportar. ¡Ánimo, Dick! ¡No me tengas miedo! Antes golpearía a una mujer que a ti. Bertha Mason está loca, y proviene de una familia de locos cuya estela de imbéciles y maníacos se remonta a tres generaciones. Su madre, la criolla, era a la vez alcohólica y demente, pero de eso me enteré después de haber desposado a la hija. Todos mantuvieron el mayor silencio sobre los secretos de la familia. Y Bertha, como corresponde a una hija aplicada, imitó a su progenitora en ambos puntos. Imaginen qué tipo de compañera fue, pura, encantadora, discreta, y qué fantásticas escenas de felicidad conyugal disfruté junto a ella… ¡Qué horror…! Solo Dios sabe lo que he tenido que pasar. Pero no les debo más explicaciones. Briggs, Wood, Mason, les invito a todos a subir a la casa y saludar a la paciente de la señora Poole, ¡a mi esposa! Verán con qué tipo de ser me casaron a base de engaños y podrán juzgar si tenía derecho de romper esos votos y buscar algo de felicidad con alguien humano. Esta joven —prosiguió, señalándome— no sabía más que usted, Wood. Ella pensaba que todo era legal y nunca imaginó que se vería atrapada en una ceremonia falsa con un ser desgraciado y estafado, unido ya a una mujer malvada, loca y embrutecida. ¡Síganme todos!