Jane Eyre
Jane Eyre Pero la respuesta surgió incontrolable: «Yo me preocupo. Cuanto más absoluta sea la soledad, cuanto más sufra debido a la falta de amistades, cuanto más desvalida esté en el mundo, mayor será el respeto que sienta por mà misma. Obedeceré una ley otorgada por Dios y sancionada por los hombres. Me atendré a los principios que aprendà cuando estaba sana, no loca como ahora. Las leyes y los principios no son solo para los momentos que están libres de tentaciones, sino para momentos como este, cuando el cuerpo y el alma se amotinan contra su rigor. Cuanto más severos me parezcan, menos debo violarlos. Si pudiera olvidarlos por mi propia conveniencia, ¿qué valor tendrÃan? Son valiosos, o al menos eso he creÃdo siempre. Y si ahora no soy capaz de verlo es porque estoy trastornada, fuera de mÃ. Corre fuego por mis venas y el corazón me late a tal velocidad que apenas puedo contar sus latidos. Lo único que me queda en esta hora de agitación son las ideas que ya poseÃa y las decisiones que me inculcaron, y en ellas pienso apoyarme».