Jane Eyre
Jane Eyre Han pasado dos días. Estamos en una tarde de verano; el cochero me ha dejado en un lugar llamado Whitcross, alegando que es todo lo lejos que podía llevarme por la suma pagada. No me queda un mísero chelín. La diligencia debe de estar ya a casi dos kilómetros de aquí y estoy sola. En este momento, me doy cuenta de que olvidé sacar el paquete del portaequipajes del vehículo, donde lo había dejado para mayor seguridad. Supongo que sigue allí, y ahora sí puedo afirmar con propiedad que no tengo absolutamente nada en el mundo.
