Jane Eyre
Jane Eyre —Oà hablar de algo hace tres semanas, pero como su presencia aquà era motivo de satisfacción para mis hermanas (es evidente que ambas gozan de su compañÃa), y también usted parecÃa feliz, consideré inapropiado poner punto final a ese estado de cosas hasta que su partida de Marsh End no nos deje otra alternativa.
—¿Se irán dentro de tres dÃas?
—SÃ, y cuando ellas partan yo volveré a la rectorÃa de Morton. Hannah me acompañará y esta vieja casa quedará cerrada.
Aguardé unos minutos, a la espera de que prosiguiera con el tema que habÃa iniciado la charla, pero parecÃa haber entrado en otro de sus trances reflexivos: su mirada denotaba que estaba muy lejos de mà y de mis problemas. Me vi obligada a devolverle al asunto que me interesaba.
—¿Y cuál era el empleo que tenÃa previsto, señor Rivers? Espero que este retraso no haya puesto las cosas más difÃciles.
—Oh, no, puesto que se trata de una colocación que depende únicamente de que yo se la ofrezca y de que usted la acepte.
Hizo una nueva pausa, como si algo le impidiera continuar. Empecé a sentirme impaciente: un par de gestos de inquietud y una mirada expectante y ansiosa a la vez transmitieron el sentimiento mejor de lo que lo habrÃan hecho las palabras, y con menos brusquedad.