Jane Eyre
Jane Eyre Acepté su invitación. Me encontré con una mansión grande y hermosa, que reflejaba de manera evidente la riqueza de su propietario. Rosamond se mostró de los más contenta y alegre durante todo el tiempo que estuve allÃ. Su padre fue afable, y en la conversación que mantuvimos después del té expresó con contundencia su satisfacción por mi tarea en la escuela de Morton. Su único temor era, según dijo, que al ser yo demasiado buena para ese puesto pronto me sentirÃa tentada de cambiarlo por otro más adecuado a las muchas cualidades que todos reconocÃan en mÃ.
—La verdad, papá —exclamó Rosamond—, es que ella es lo bastante lista como para ser institutriz en una buena casa.