Jane Eyre
Jane Eyre La primera era una dama alta, de pelo y ojos oscuros, y con la frente pálida y despejada. Un chal envolvÃa parcialmente su cuerpo; su semblante era serio y su postura muy erguida.
—Esta niña es demasiado pequeña para viajar sola —dijo, poniendo la vela sobre la mesa. Me observó con atención durante un par de minutos y después añadió—: Lo mejor será que se acueste cuanto antes; no tiene buen aspecto. ¿Estás fatigada? —preguntó, poniendo la mano en mi hombro.
—Un poco, señora.
—Y debes de tener hambre. Démosle algo de cenar antes de acostarla, señorita Miller. ¿Esta es la primera vez que te separas de tus padres para venir al colegio, querida?
Le expliqué que no tenÃa padres y ella me preguntó el tiempo que llevaban muertos; luego se interesó por mi edad, mi nombre, y por si sabÃa leer, escribir o coser. Me acarició la mejilla con suavidad y, tras decir que esperaba que fuera una niña muy buena, me hizo salir acompañada de la señorita Miller.