Jane Eyre
Jane Eyre Empezaba a nevar cuando se marchó el señor Saint John y la tormenta duró toda la noche. Al dÃa siguiente, un viento huracanado trajo consigo un frÃo más intenso y unas nevadas más copiosas: al mediodÃa, el valle habÃa quedado sepultado y prácticamente intransitable. Yo habÃa cerrado la puerta y colocado una alfombra contra ella para evitar que la nieve se colara en el interior; avivé el fuego y después de pasar una hora sentada junto a la lumbre escuchando el furioso rumor de la tempestad, encendà una vela, cogà el libro de Marmion y comencé a leerlo:
Se puso el sol tras el inexpugnable castillo de Norham,
sobre el amplio y caudaloso rÃo Tweed
y bajo las solitarias montañas de Cheviot;
las sólidas torres de la fortaleza, las mazmorras,
y los alargados muros que rodeaban la fortaleza,
reflejaron ese dorado fulgor.
La música implÃcita en el poema no tardó en sofocar el fragor de la tormenta.
