Jane Eyre
Jane Eyre —Briggs está en Londres. Aunque dudo que sepa nada del señor Rochester; no es en este caballero en quien está interesado. Además, olvida usted algunos puntos esenciales: aún no sabe a qué es debida la búsqueda del señor Briggs, qué es lo que quiere de usted.
—Y bien, ¿qué es lo que quiere?
—Simplemente, informarla de que su tÃo, el señor Eyre, residente en Madeira, ha muerto legándole toda su fortuna, y que por tanto es usted una mujer rica. Solo eso, nada más.
—¿Yo? ¿Rica?
—SÃ, muy rica. Toda una heredera.
Se hizo el silencio.
—Debe probar su identidad, por supuesto —continuó Saint John tras unos minutos—, pero ese trámite no entraña ninguna dificultad para usted. Entonces entrará en posesión de la fortuna, que está invertida en fondos de deuda pública inglesa. Briggs tiene en sus manos el testamento y todos los documentos necesarios.