Jane Eyre
Jane Eyre —¿Y eso le ha disgustado? —aventuró.
—Profundamente. Creo que nunca me perdonará, pese a que me ofrecà a ir con él como si fuera su hermana.
—La verdad es que ese ofrecimiento es una locura. Piensa en el trabajo que tendrÃas que desempeñar, tareas fatigosas que acaban con los más fuertes. Y tú eres débil. Ya conoces a Saint John: te exigirÃa lo imposible. Con él no habrÃa posibilidad de descansar, ni siquiera durante las horas de más calor… Y por desgracia he advertido que tiendes a obedecerle en todo lo que te pide. Con franqueza, me asombra que encontraras el coraje suficiente como para rechazar su mano. ¿No le amas, Jane?
—No como a un marido.
—Y, sin embargo, es un hombre apuesto.
—Siendo yo tan fea, Die, no harÃamos buena pareja.
—¿Fea? ¿Tú? En absoluto. Eres demasiado bonita y buena como para enterrarte viva en Calcuta.
Y de nuevo me exigió con calor que abandonara toda idea de partir con su hermano.