Villette
Villette Mis ocupaciones pasaron a ser muchas y muy provechosas. Entre enseñar a los demás y estudiar con ahÃnco, apenas me quedaba un momento libre. Era muy placentero. SentÃa que progresaba; en lugar de ser la presa aletargada del moho y la herrumbre, estaba puliendo mis facultades y aguzándolas gracias al uso constante. Ante mà se abrÃan nuevas experiencias, y no a pequeña escala. Villette es una ciudad cosmopolita, y en aquel colegio estudiaban jóvenes de casi todas las naciones europeas, y de diferentes clases sociales. La igualdad se practicaba a todas horas en Labassecour; aunque no republicana en la forma, casi podÃa decirse que lo era en el fondo, y en los pupitres del centro de madame Beck, la joven condesa y la joven burguesa se sentaban codo a codo. No siempre era fácil saber, por la apariencia, cuál era noble y cuál plebeya; si exceptuamos que la segunda solÃa tener unos modales más francos y corteses, mientras que la primera salÃa victoriosa por su difÃcil y delicada combinación de hipocresÃa e insolencia. En la primera se mezclaba a menudo la impulsiva sangre francesa con la flema de las marismas: lamento decir que el efecto de aquel vivaz fluido se manifestaba principalmente en la verbosidad acaramelada con que la adulación y la mentira asomaban a sus labios, y en una conducta más frÃvola y alegre, pero completamente falsa y cruel.
