Villette
Villette Madame Beck era una mujer consecuente; tolerante con todo el mundo y afectuosa con nadie. Ni siquiera sus propias hijas lograban desviarla del firme tenor de su estoica calma. Se mostraba solícita con su familia, atenta a sus intereses y su bienestar físico; pero jamás parecía experimentar el deseo de sentar a sus pequeñas sobre el regazo, de besar sus labios sonrosados, de abrazarlas con cariño, de llenarlas de suaves caricias o tiernas palabras.
A veces la observé sentada en el jardín, contemplando a las niñas mientras paseaban a lo lejos con Trinette, la bonne; su semblante reflejaba preocupación y cautela: sé que a menudo pensaba con inquietud en lo que ella llamaba leur avenir[63]; pero si la más pequeña, una niña enclenque y delicada, aunque encantadora, la veía por casualidad, soltaba la mano de la niñera y, con paso inseguro, se acercaba a ella riendo y jadeando para aferrarse a su rodilla, madame se limitaba a extender con calma la mano, para impedir el molesto golpe ocasionado por la precipitación de la niña.
—Prends garde, mon enfant[64]! —exclamaba impasible.
Y, pacientemente, le permitía quedarse unos instantes a su lado y luego, sin una sonrisa ni un beso, ni una palabra cariñosa, se levantaba y volvía a llevarla con Trinette.
