Villette
Villette ¡Una carta! La imagen de una carta asà llevaba atormentándome los últimos siete dÃas. HabÃa soñado con una carta la noche anterior. Y la que Rosine tenÃa en la mano ejercÃa un fuerte magnetismo sobre mÃ; sin embargo, no sé si me hubiera atrevido a pedirle que me dejara echar un vistazo a aquel sobre blanco con el lacre rojo en el centro. No, supongo que habrÃa pasado de largo temiendo sufrir una Decepción; y mi corazón latió con la misma fuerza que si oyera sus pasos acercándose. ¡Error nervioso! Eran las rápidas pisadas del profesor de literatura avanzando por el pasillo. Eché a correr. Si lograba sentarme y restablecer el orden en la clase antes de que él llegara, es posible que ni se fijara en mi presencia; pero, si me sorprendÃa en el carré, seguro que me echaba una buena reprimenda. Tuve tiempo de sentarme, imponer silencio, sacar mis labores y comenzarlas en medio de una tranquilidad conventual, antes de que monsieur Emanuel entrara bruscamente y nos saludara con una profunda y exagerada reverencia, que presagiaba su furia.