Villette
Villette A pesar de lo alegre que era el carácter de mi madrina, y de sus esfuerzos por entretenernos, no hubo verdadera diversión aquella tarde en La Terrasse hasta que, en medio del furioso ulular del viento nocturno, oÃmos el sonido inconfundible de unos caballos. Con cuánta frecuencia, mientras las mujeres y las niñas se hallan sentadas junto a un agradable fuego, tanto sus corazones como su imaginación se ven condenados a alejarse de las comodidades que los rodean, obligados a vagar por oscuros caminos, a desafiar las inclemencias del tiempo, a enfrentarse a las ráfagas de nieve, a esperar junto a puertas y cercas solitarias en medio de las tormentas más infernales, buscando con los ojos y los oÃdos para ver y oÃr al padre, al hijo, al marido que regresan al hogar.
