Villette
Villette Tan fascinada como si hubiera visto un basilisco de tres cabezas, fui incapaz de dejar a aquella camarilla; el suelo parecía aferrarse a mis pies. El dosel que formaban las ramas entrelazadas me sumía en las sombras, la noche susurraba promesas de amparo, y una servicial farola, antes de extinguirse, arrojó un rayo de luz y me mostró un asiento seguro en la oscuridad. Déjame, lector, que te cuente ahora en pocas palabras los rumores que en las dos semanas anteriores había recogido silenciosamente sobre el origen y el objeto del viaje de monsieur Emanuel. La historia es breve y nada nueva: su alfa es el Dinero y su omega, el Interés.
Si madame Walravens era tan horrible como un ídolo hindú, parecía tener, también, la misma importancia que éste para sus devotos. El hecho es que había sido rica, muy rica; y, aunque en aquel momento no dispusiera de dinero, era muy probable que volviera a nadar en la abundancia. En Basseterre, Guadalupe, poseía una enorme plantación que había recibido como dote al contraer matrimonio, sesenta años antes, y que le habían embargado tras la bancarrota de su marido; ahora se suponía libre de reclamaciones y, si un administrador íntegro y competente se ocupaba debidamente de ella, en poco tiempo podría ser muy productiva.
