Villette
Villette El grupo de los Walravens, más numeroso, estaba muy animado. Los caballeros fueron a buscar bebidas al quiosco, y todos se sentaron en el césped, bajo los árboles; brindaron por la salud y la felicidad de unos y otros; rieron, bromearon. Monsieur Paul Emanuel soportó algunas chanzas —medio divertidas, medio maliciosas, en mi opinión—, sobre todo de madame Beck. No tardé en enterarme de que habÃa retrasado temporalmente su viaje, sin el permiso, incluso en contra de la opinión de sus amigos; dejó que zarpara el Antigua y sacó un pasaje en el Paul et Virginie[410], que levarÃa anclas dos semanas más tarde. Era la causa de su decisión lo que querÃan determinar con aquellas bromas, y él se limitaba a responder con vaguedad que «debÃa arreglar un pequeño asunto con el que estaba muy ilusionado». ¿Qué asunto era ése? Nadie lo sabÃa. SÃ, habÃa una persona que parecÃa conocer en parte, al menos, su secreto; él y Justine Marie cruzaron una mirada muy significativa.
—La petite va m’aider - n’est-ce pas[411]? —dijo.
¡Bien sabe Dios que la respuesta llegó con prontitud!
—Mais oui, je vous aiderai de tout mon coeur. Vous ferez de moi tout ce que vous voudrez, mon parrain[412].