Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas «¡Qué niña tan insensible! —pensé—. Con qué ligereza olvida los sinsabores de su antiguo compañero de juegos. No me la podÃa imaginar tan egoÃsta». Se llevó un bocado a los labios, luego lo volvió a dejar, se le ruborizaron las mejillas y las lágrimas chorrearon por ellas. Dejó caer el tenedor al suelo y rápidamente se metió bajo el mantel para ocultar su emoción. Ya no volvà a llamarla insensible, porque me di cuenta del purgatorio por el que estaba pasando todo el dÃa y que trataba incansablemente de encontrar una oportunidad para quedarse sola, o para hacer una visita a Heathcliff, a quien el amo habÃa encerrado, como descubrà al intentar llevarle una secreta ración de vituallas.
Por la tarde tuvimos baile. Cathy rogó que se le liberará, puesto que Isabella Linton no tenÃa pareja. Sus ruegos fueron vanos y me designaron a mà para suplir la falta. Mediante la excitación del ejercicio nos sacudimos la tristeza, y nuestra alegrÃa aumentó con la llegada de la banda de música de Gimmerton, compuesta por quince instrumentos: una trompeta, un trombón, clarinetes, fagotes, oboes y un contrabajo, además de los cantantes. Hacen la ronda por todas las casas respetables en Navidad y reciben un aguinaldo. Para nosotros poder escucharlos era un espectáculo de primera. Después de cantar los villancicos acostumbrados, les pedimos que cantaran canciones y coplas. A la señora Earnshaw le encantaba la música, asà que nos deleitaron con muchas canciones.