Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Porque no quiero que se muera de frÃo —respondÃ.
—Querrás decir que no quieres darme una oportunidad para que viva —dijo enfadada—. Pero aún no soy una inválida, la abriré yo misma.
Y deslizándose de la cama antes de que se lo pudiera impedir, cruzó la habitación con paso vacilante, la abrió y se asomó, sin importarle el aire helado sobre sus hombros, tan afilado como un cuchillo. Le rogué que se retirara y al fin traté de forzarla, pero pronto descubrà que la fuerza que le proporcionaba el delirio era muy superior a la mÃa (estaba delirando, me convencieron sus actos y desvarÃos subsiguientes). No habÃa luna y todo yacÃa en brumosa oscuridad. Ni una luz brillaba en las casas, lejos o cerca… Todas se habÃan apagado hacÃa mucho tiempo, y las de Cumbres Borrascosas no se veÃan nunca…, pero ella aseguró que percibÃa su resplandor.