Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Es todo un placer para mà —continuó, pensando en voz alta—. Ha colmado mis esperanzas. Si fuera tonto de nacimiento no disfrutarÃa ni la mitad. Pero no es tonto y puedo comprender todos sus sentimientos, al haberlos sentido yo mismo. Por ejemplo, sé exactamente lo que sufre ahora, aunque no es más que el principio de lo que sufrirá. Y no podrá salir nunca del abismo de su tosquedad e ignorancia. Le tengo mucho más dominado de lo que me sometió a mà el canalla de su padre, y le he hecho caer más bajo porque está orgulloso de su brutalidad. Le he enseñado a despreciar todo lo que no es puramente animal como estúpido y débil. ¿No crees que Hindley estarÃa orgulloso de su hijo si pudiera verlo? Casi tan orgulloso como lo estoy yo del mÃo. Pero hay una diferencia. Uno es oro puesto a servir de empedrado y el otro es latón bruñido para imitar un servicio de plata. El mÃo no tiene nada de valioso, pero yo tendré el mérito de hacerle llegar tan lejos como su pobre material lo permita. El suyo tiene cualidades de primer orden, y se han perdido, se han vuelto peor que inútiles. Yo no tengo nada que lamentar, Hindley tendrÃa más de lo que nadie sabe, salvo yo. ¡Y lo mejor de todo es que Hareton me quiere endiabladamente! Tienes que reconocer que en esto he vencido a Hindley. Si el infame muerto pudiera levantarse de la tumba para reprocharme las maldades hechas a su vástago, tendrÃa la diversión de ver que dicho vástago le mataba de nuevo, indignado de que se atreviera a recriminar al único amigo que tiene en el mundo.