Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Pues no debe continuar —dije yo.
—Veremos —fue su respuesta, y partió al galope dejándome atrás a mi penoso caminar.
Las dos llegamos a casa antes de la hora de comer. Mi amo supuso que habÃamos estado andando por el parque y, por tanto, no pidió explicaciones de nuestra ausencia. En cuanto entré me apresuré a cambiarme las medias y los zapatos que tenÃa empapados, pero haberme quedado tanto tiempo en las Cumbres ya habÃa hecho el daño. A la mañana siguiente tuve que guardar cama y durante tres semanas no pude atender mis obligaciones. Calamidad que no habÃa experimentado antes y, gracias a Dios, tampoco después.