Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Quédate para descansar —replicó—. Y Catherine, no creas, ni digas que estoy muy mal. Es el tiempo pesado y el calor lo que me tiene desanimado. Antes de que llegaras camine por ahÃ, mucho para mÃ. Dile al tÃo que tengo muy buena salud, ¿quieres?
—Le diré que eso dices tú, Linton. Yo no podrÃa afirmar que la tienes —observó mi señorita, sorprendida ante su pertinaz afirmación de algo que era evidentemente falso.
—Y ven de nuevo el jueves próximo —continuó, esquivando la perpleja mirada de ella—. Y dale las gracias por permitirte venir… mi mayor agradecimiento, Catherine. Y… y si te encontraras a mi padre y te preguntara por mÃ, no le dejes suponer que he estado extraordinariamente silencioso y estúpido. No pongas un semblante triste y decaÃdo como estás haciendo ahora… se enfadará.
—Su ira no me importa nada —exclamó Cathy figurándose que era ella la causa.
—Pero a mà sà —dijo su primo temblando—. No le provoques contra mÃ, Catherine, porque es muy duro.
—¿Es severo con usted, señorito Heathcliff? —pregunté yo—. ¿Se ha cansado de la tolerancia y ha pasado del odio pasivo al activo?