Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »Unas tres veces, creo, hemos estado alegres y esperanzados, como lo estuvimos la primera noche. El resto de mis visitas han sido tristes y turbulentas, ya por su egoísmo y su rencor, ya por sus sufrimientos, pero he aprendido a sobrellevar los primeros casi con tan poco resentimiento como los segundos. El señor Heathcliff me evita deliberadamente. Apenas le he visto. El domingo pasado, por cierto, como llegué más temprano que de costumbre, le oí insultar al pobre Linton cruelmente por su conducta de la noche anterior. No entiendo cómo lo supo, a menos que estuviera escuchando. Desde luego Linton se había comportado de forma exasperante, pero eso no le importaba a nadie más que a mí, así que interrumpí el discurso de Heathcliff entrando y diciéndoselo. Soltó una carcajada y se marchó diciendo que se alegraba de que viera el asunto de esa manera. Desde entonces le he comentado a Linton que debe decir sus resentimientos en voz baja. Ahora, Ellen, ya lo sabes todo, y no se me puede prohibir que vaya a Cumbres Borrascosas sin hacer desgraciadas a dos personas, mientras que si no se lo dices a papá, mis visitas no tienen por qué perturbar la tranquilidad de nadie. No se lo dirás, ¿verdad? Sería muy cruel que lo hicieras.
—Tomaré una decisión sobre ese asunto mañana, señorita Catherine —respondí—. Requiere cierta reflexión, así que la dejaré que descanse y yo me voy a pensarlo.