Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —PreferirÃa con mucho oÃrles blasfemar de la mañana a la noche antes que tener que escucharla a usted —dijo el que estaba en la cocina, en respuesta a unas palabras de Nelly, que no o×. Es una vergüenza que uno no pueda abrir el Libro Santo sin que usted entone sus alabanzas a Satanás y a todas las horribles maldades que han aparecido en el mundo. ¡Oh, es usted muy mala!, y la otra también, y este pobre chico se perderá entre las dos. ¡Pobre chico! —añadió con un gruñido—. ¡Está embrujado, estoy seguro! ¡Oh, señor, júzgales, porque no hay ley ni justicia entre nuestros gobernantes!
—No, de lo contrario nos habrÃan puesto sobre llameantes hogueras, supongo —replicó la cantante—. Pero cállese, viejo, y lea su Biblia como un cristiano y no se preocupe por mÃ. Ésta es Fairy Annie’s Wedding —una bonita melodÃa—, se baila.
La señora Dean estaba a punto de volver a empezar, cuando me adelante y, reconociéndome al instante, se puso de pie de un salto, exclamando:
—¡Vaya, Dios le bendiga, señor Lockwood! ¿Cómo se le ha ocurrido volver asÃ? Está todo cerrado en la Granja de los Tordos. ¡DeberÃa habernos avisado!
—He dispuesto acomodarme allà el tiempo que me quede —respond×. Mañana partiré de nuevo. ¿Y cómo se ha trasplantado aquÃ, señora Dean? Cuéntemelo.