Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —SÃ, y muchas desgracias también —respondió.
«Oh, dirigiré la conversación hacia la familia de mi casero —pensé para m×. Un buen tema para empezar… y me gustarÃa conocer la historia de esa guapa jovencita viuda. Si es natural del paÃs o, como es más probable, una exótica, que aquellos hoscos indÃgenas no quieren reconocer como de los suyos». Con esta intención pregunté a la señora Dean por qué Heathcliff alquilaba la Granja de los Tordos y preferÃa vivir en un lugar y una vivienda tan inferiores.
—¿No es bastante rico como para mantener la finca en buen estado? —pregunté.
—¿Rico, señor? —replicó—. Nadie sabe el dinero que tiene, y aumenta cada año. SÃ, sÃ, es lo bastante rico como para vivir en una casa mejor que ésta, pero es muy… tacaño, y de haber pensado en mudarse a la Granja de los Tordos, tan pronto como hubiera oÃdo hablar de un buen inquilino, no habrÃa podido resistirse a perder la oportunidad de ganar unos pocos cientos más. ¡Es extraño que la gente sea tan avariciosa cuando no se tiene a nadie en el mundo!
—Tuvo un hijo, al parecer.
—SÃ, tuvo uno… murió.
—Y aquella joven, la señora Heathcliff, ¿es su viuda?
—SÃ.