Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Isabella no tiene sus dotes naturales —replicó su esposa—, pero tiene que procurar no volver a convertirse en una salvaje otra vez aquÃ. Ellen, ayude a la señorita Catherine a quitarse la ropa… Espera, querida, vas a deshacerte los rizos… Deja que te desate el sombrero.
Le quité el abrigo de montar y apareció resplandeciente en un magnÃfico vestido de seda a cuadros, pantalones blancos y zapatos de charol; aunque los ojos le chispeaban de alegrÃa cuando los perros vinieron saltando a darle la bienvenida, apenas se atrevió a tocarlos no fueran a estropearle los espléndidos vestidos con sus zalamerÃas. Me dio un beso amablemente, pues yo estaba llena de harina haciendo la tarta de Navidad y no hubiera sido oportuno darme un abrazo. Luego miró en busca de Heathcliff. El señor y la señora Earnshaw vigilaban con ansia su encuentro pensando que les permitirÃa, en cierta medida, juzgar las razones que tenÃan para abrigar el éxito en la separación de los dos amigos.