El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Un miliciano se dirigió a la infeliz rasgando el aire con su silbido. Le siguieron unos muchachos muy regocijados, cubierta la cabeza con gorras. De ellos provenÃan las risotadas y los gritos. Un cochero delgado, con bigote, llegó en un vuelo junto a la primera señora a medio vestir y paró en seco su caballo, un animal esquelético y viejo. Una risita alegre se dibujaba en la cara del bigotudo cochero.
Rimski se dio un puñetazo en la cabeza, escupió y se apartó de la ventana.
Estuvo sentado un rato, escuchando el ruido de la calle. Los silbidos en distintos puntos llegaron a su auge y luego empezaron a decaer. Con gran sorpresa de Rimski, el escándalo habÃa terminado, solucionado con una rapidez inesperada.
Llegó el momento de actuar, tenÃa que beber el amargo trago de la responsabilidad. Ya habÃan arreglado los teléfonos de todo el edificio, tenÃa que telefonear, comunicar lo ocurrido, pedir ayuda, mentir, echarle la culpa a Lijodéyev, protegerse él mismo, etc. ¡Diablos!