El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita Era casi medianoche y tuvieron que apresurarse. Margarita apenas veÃa lo que ocurrÃa a su alrededor. Se le grabaron en la memoria las velas y una piscina de colores. Cuando se encontró de pie en el fondo de la piscina, Guela y Natasha, que estaban ayudando, le echaron encima un lÃquido caliente, espeso y rojo. Margarita sintió en sus labios un sabor salado y comprendió que la estaban bañando en sangre. La capa sangrienta fue sustituida por otra: espesa, transparente y rosácea. A Margarita le produjo cierto mareo el aceite de rosas. Luego la tumbaron en un lecho de cristal de roca y le dieron fricciones con grandes hojas verdes y brillantes.
Entró el gato, que también se puso a ayudar. Se sentó en cuclillas a los pies de Margarita y empezó a frotarle los talones como si estuviera en la calle de limpiabotas.
