El Maestro y Margarita

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Pero el tiroteo no duró mucho rato y poco a poco fue disminuyendo. Resultó ser inofensivo para el gato y para sus perseguidores. Nadie resultó muerto, ni siquiera herido. Todos, incluyendo al gato, estaban ilesos. Uno de los hombres, para convencerse definitivamente, soltó cinco balazos en la cabeza del dichoso animal, a lo que el gato respondió alegremente disparando todo el cargador, y lo mismo, no pasó nada. El gato se columpiaba en la araña cada vez con menos impulso, soplando en el cañón de su pistola y escupiendo en su pata.

En la cara de los que estaban abajo, en completo silencio, se dibujaba una expresión de total asombro. Era el único caso, o uno entre pocos, de un tiroteo ineficaz. Podían suponer que la «Browning» del gato era de juguete, pero no se podía decir lo mismo de las «Mauser» de la brigada. Y la primera herida del gato, no quedaba la menor duda, había sido simplemente un truco, un simulacro indecente, lo mismo que la bebida de gasolina.

Intentaron pescar al gato de nuevo. Echaron el lazo que se enganchó en una de las velas, y la araña se vino abajo. Su caída pareció sacudir todo el edificio, pero no tuvo otro efecto.



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