El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¡No quiero nada más! —grita el hombre del manto con voz cascada, y sube hacia la luna, llevándose a su interlocutor. Les sigue un enorme perro de orejas puntiagudas, tranquilo y majestuoso.
Entonces el rayo de luna empieza a revolverse y se convierte en un rÃo que se desborda. La luna reina y juega, la luna baila y hace travesuras. Del torrente se forma una mujer de una belleza sorprendente, que conduce de la mano hacia Iván a un hombre con barbas, que mira alrededor asustado. Iván Nikoláyevich le reconoce en seguida. Es el número 118, su visitante nocturno. En su sueño Iván Nikoláyevich le extiende las manos y pregunta con ansia:
—Entonces, ¿asà terminó?
—Asà terminó, mi discÃpulo —contesta el del número 118. La mujer se acerca a Iván y le dice:
—Asà terminó. Todo terminó como todo termina… Le daré un beso en la frente y todo saldrá bien…
Se inclina hacia Iván y le da un beso en la frente. Él quiere acercarse a ella, le mira a los ojos, pero ella retrocede, retrocede y se va con el hombre hacia la luna…
La luna se enfurece, derrama torrentes de luz sobre Iván, salpica todo, la habitación se inunda de luz, la luz tiembla, sube, cubre la cama… Iván Nikoláyevich duerme feliz.