Cain
Cain ¿No quieres resignarte, hermano mío?
ABEL
¿Por qué nubla tu frente esta tristeza
65que sólo ha de servir para atraerte
las iras del Eterno?
ADA
¿Por qué frunces
el ceño al observarme, esposo mío?
CAÍN
No, Ada querida, no; sencillamente
me quería quedar un rato a solas.
70Me duele el corazón, mas ya mejoro[8].
Ve tú delante, Abel; presto te sigo,
y vosotras también, hermanas mías.
No os retraséis por mí; vuestra ternura
no os puedo agradecer con aspereza.
Muy pronto estaré allí.
ADA
75Si no, a buscarte
vendremos otra vez.
ABEL
Hermano mío,
queda en la paz de Dios.
(Salen Abel, Sela y Ada)
CAÍN (Solo)
Pronto os alcanzo.
¿Por qué he de trabajar?, ¿porque mi padre