Cain
Cain CAÍN
¡Mi hijito Enoc! ¡Su balbuciente hermana!
Si al menos consiguiera imaginarlos
en estado feliz, olvidaría…
575mas no cabe olvidar, aunque transcurran
tres mil generaciones, nunca, nunca
podrán amar los hombres el recuerdo
de aquel ser que sembró en el mismo instante
las semillas del mal y del linaje
580de nuestra humanidad. El bello fruto
arrancaron del árbol de la ciencia,
pecando…, y, todavía no contentos
con su propio dolor, nos engendraron
a mí y a ti, a los dos, al parvo grupo
585de los que viven hoy y a innumerables
multitudes sin fin que, cuando nazcan,
deberán heredar las agonías
que irán acumulando siglo a siglo.
¡Y yo tendré que ser padre de todos!
590Tu belleza y tu amor…, mi amor, mi gozo,
el alegre momento, la hora amable,
todo cuanto en los vastagos amamos
y en nosotros también, sólo nos lleva
a todos por igual —tras muchos años
595de pecado y dolor o bien tras pocos,
pero siempre colmados de pesares,
mezclados con efímeros placeres—