Don Juan
Don Juan El corazón es, como el horizonte, una parte del cielo; pero, como el horizonte, cambia igualmente noche y día. Tan pronto las nubes y los truenos lo recorren, la destrucción y las tinieblas se apoderan de él; pero cuando los fuegos de la tempestad lo han surcado y abierto, se pierde en lluvias. De tal modo es como los ojos derraman la sangre del corazón cambiada en lágrimas. Al fin y al cabo, esto es lo que hace el clima inglés de nuestras vidas.
Sin extenderse más sobre esta anatomía, suelto mi pluma, hago al buen lector una cortesía, y dejo a don Juan y Haida el cuidado de pleitear, por ellos y por mí, acerca de sus propios sentimientos.