Don Juan
Don Juan —He oÃdo hablar de historias de gallos y de toros —dijo la matrona—, pero arrancarnos de nuestro reposo por bobos ensueños sobre una manzana y una abeja y turbar a todas las odaliscas en su cama a las tres y media de la madrugada, eso es inconcebible. Mañana veremos lo que dice el médico sobre vuestro histerismo… ¡Y la pobre Juanita, verse incomodada de este modo la primera noche que pasa entre nosotros! Muy cuerda andaba yo cuando pensaba que la joven extranjera no podÃa dormir sola, pero que necesitaba una compañera tranquila. Creà que vos hubierais podido proporcionarla un buen reposo, pero ahora veo que será preciso que la confÃe a los buenos cuidados de Lolah, aunque su cama no sea tan ancha como la vuestra.