Don Juan
Don Juan Si alguien tuviese el atrevimiento de decir que esta historia no es moral, le pido respetuosamente que no lance la queja antes de sentirse herido. Que me lea una segunda vez y que pruebe a decir todavía que mi poema es inmoral, porque es alegre. ¿Quién cometerá tal impertinencia? Además, yo haré ver en mi libro duodécimo, al final, el lugar horrible al que van a parar siempre todos los malvados.
Espero, pues, en calma vuestro aplauso, por más que la gloria no sirva para nada distinto al magno empeño de llenar cuartillas y cuartillas de papel, a fin de definirla inciertamente. Algunos la comparan a una alta colina, cuya cumbre se oculta entre las nubes. ¿Por qué escriben los hombres, por qué hablan y por qué predican? ¿Por qué los héroes degüellan a sus semejantes? ¿Por qué los poetas consumen febrilmente en su trabajo el noble aceite de sus lámparas? Para obtener, cuando ellos mismos sean ya polvo, un mal retrato, un busto todavía peor y un pequeño nombre… Un rey del antiguo Egipto, llamado Keops, hizo elevar la primera y mayor de las pirámides, creyendo que bastaba un monumento semejante para conservar entera su momia y su memoria. Y un día, un viajero, excavando el interior de ella, se entretuvo en romper la caja que guardaba el cadáver del monarca. Por consiguiente, ¿qué monumento podrá conservarnos cuando no queda ni la huella de las pobres cenizas de