Don Juan
Don Juan Quedó tendido a la entrada de una gruta abierta en las rocas, exhausto e infinitamente triste, pues conservaba bastante vida aún para comprender sus males y darse cuenta de que quizá sería en vano haber podido escapar del naufragio… Ensayó a alzarse en pie, por medio de un largo y penoso esfuerzo, pero llegó a doblarse sobre sus rodillas ensangrentadas y sus destrozadas manos; sus ojos se turbaron, un vértigo se apoderó de su cerebro, y cayó sobre la arena cuan largo era. Parecido a una marchita flor de lis, su joven cuerpo, destrozado y pálido, conservaba aún emocionantes huellas de su hermosura y de la armoniosa y agradable línea de sus formas.
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