La sociedad del cansancio
La sociedad del cansancio El yo que se desarma se vuelve poroso. Ya no está en guerra. Puede mirar sin juzgar, habitar sin medir, existir sin producir. Este cansancio es fértil porque hace posible el nacimiento de otra forma de vida. No se construye sobre el rendimiento, sino sobre la renuncia a ser siempre eficaz. Es el cansancio del que ha dejado de competir, del que ya no se mide, del que ha dejado de correr.
El verdadero descanso no consiste en la pausa entre dos tareas, sino en la suspensión de la lógica que obliga a estar siempre en tarea. El cansancio curativo permite esa suspensión. Es la apertura de un espacio donde el yo puede descansar de sí mismo, donde el alma, por fin, puede respirar.
Mirar no es simplemente ver. Mirar exige detenerse, sostener la atención, dejar que las cosas vengan hacia uno. No se trata de apropiarse del objeto con la mirada, sino de abrirse a su aparición. Aprender a mirar implica entrenar el ojo para la paciencia, para el recogimiento, para resistir al impulso de reaccionar de inmediato. Esta forma de atención contemplativa es la base de toda espiritualidad, de todo pensamiento que no se deja arrastrar por la prisa del mundo.