La sociedad del cansancio
La sociedad del cansancio En esta pedagogía del mirar, se cultiva también la resistencia a los impulsos. No todo estímulo debe ser seguido. No todo impulso merece respuesta. Saber mirar es saber decir no. Es construir una interioridad capaz de interrumpir, de elegir, de discernir. Sin este mirar cultivado, el sujeto se vuelve pasivo, aunque esté constantemente activo. La contemplación devuelve al sujeto su libertad esencial: la de no actuar si no es necesario, la de estar con lo que hay sin tener que modificarlo. La de habitar el mundo con profundidad, sin prisa.
No hacer no es lo mismo que no poder. Tampoco es resignación ni impotencia. Es una forma de poder que no se somete al mandato del hacer constante. Es una potencia silenciosa, una fuerza de interrupción, una afirmación de la libertad interior. Frente al poder positivo —el de producir, actuar, decidir—, existe un poder negativo: el de negarse, el de suspender, el de resistir sin confrontación directa. Esta potencia negativa es esencial para el pensamiento, para la contemplación, para la vida verdaderamente humana.