La gaviota

La gaviota

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

A pocos pasos de allí descubrió Stein un objeto que le sorprendió mucho. Era una especie de jardín subterráneo, de los que llaman en Andalucía navazos. Fórmanse estos excavando la tierra hasta cierta profundidad y cultivando el fondo con esmero. Un cañaveral de espeso y fresco follaje circundaba aquel enterrado huerto, dando consistencia a los planos perpendiculares que le rodeaban con su fibrosa raigambre y preservándolo con sus copiosos y elevados tallos contra las irrupciones de la arena. En aquella hondura, no obstante la proximidad de la mar, la tierra produce sin necesidad de riego abundantes y bien sazonadas legumbres; porque el agua del mar, filtrándose por espesas capas de arenas, se despoja de su acritud y llega a las plantas adaptable para su alimentación. Las sandías de los navazos, en particular, son exquisitas, y algunas de ellas de tales dimensiones que bastan dos para la carga de una caballería mayor.

—¡Vaya si está hermoso el navazo del tío Pedro! —dijo la tía María—. No parece sino que lo riega con agua bendita. El pobrecito siempre está trabajando; pero bien le luce. Apuesto a que coge hogaño tomates como naranjas y sandías como ruedas de molino.

—Mejores han de ser —repuso Momo— las que acá cojamos en el cojumbral de la orilla del río.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker