La gaviota
La gaviota »En aquel punto se hallaba el pueblo de Villamar, situado junto a un río, tan caudaloso y turbulento en invierno, como mezquino y escaso en el verano. Los alrededores bien cultivados presentaban de lejos el aspecto de un tablero de damas, en cuyos cuadros variaba de mil modos el color verde; aquí el amarillento de la vid todavía cubierta de follaje; allí el verde ceniciento de un olivar, o el verde esmeralda del trigo, que habían fecundado las lluvias de otoño, o el verde sombrío de las higueras; y todo esto dividido por el verde azulado de las pitas de los vallados. Por la boca del río cruzaban algunas lanchas pescadoras; del lado del convento, en una elevación, una capilla; delante, una gran cruz, apoyada en una base piramidal de mampostería blanqueada; detrás, un recinto cubierto de cruces pintadas de negro. Este era el campo santo.
»Delante de la cruz pendía un farol, siempre encendido, y la cruz, emblema de salvación, servía de faro a los marineros: como si el Señor hubiera querido hacer palpables sus parábolas a aquellos sencillos campesinos, del mismo modo que se hace diariamente palpable a los hombres de fe robusta y sumisa, dignos de aquella gracia».
II