La gaviota

La gaviota

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la dama murió a la una,

y el galán murió a las dos.

Que con el aretín, que con el aretón[15].

Apenas hubo acabado de cantar, Stein, que tenía un excelente oído, tomó la flauta y repitió nota por nota la canción de Marisalada. Entonces fue cuando esta a su vez quedó pasmada y absorta, volviendo a todas partes la cabeza, como si buscase el sitio en que reverberaba aquel eco, tan exacto y tan fiel.

—No es eco —clamaron las niñas—; es don Federico que está soplando en una caña agujereada.

María entró precipitadamente en el cuarto en que se hallaba Stein y se puso a escucharle con la mayor atención, inclinando el cuerpo hacia adelante, con la sonrisa en los labios, y el alma en los ojos.




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