La gaviota

La gaviota

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De puro gozo, la tía María no pudo dormir en tres noches seguidas. Pronosticó, que puesto que don Federico iba a residir en aquel país, ninguno de sus habitantes moriría sino de viejo.

Fray Gabriel se manifestó tan contento de aquella resolución, y sobre todo de ver a la tía María tan alegre, que abundando en los sentimientos de esta, se aventuró a soltar un gracejo, que fue el primero y el último de su vida. En voz baja dijo que el señor cura iba a olvidarse del De profundis.

Tanto agradó este chiste a la tía María, que por espacio de quince días no habló con alma viviente a quien después de los buenos días no se lo refiriese, en honra y gloria de su protegido. Y a él le causó tal embarazo el asombroso éxito de su chiste, que hizo voto de no caer en semejante tentación en todo el resto de su vida.

Don Modesto fue de opinión que la Gaviota había ganado el premio grande de la lotería y la gente del lugar el segundo; porque él no se hallaría manco si se hubiese encontrado en el sitio de Gaeta un cirujano tan hábil como Stein.

La opinión de Dolores fue que si el pescador había dado dos veces la vida a su hija, la voluntad de Dios le había dado dos veces la felicidad, proporcionándole tal padre y tal marido.


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