La gaviota
La gaviota —¿Creéis, tÃo —repuso la condesa—, que esa mujer, con una voz privilegiada, echará de menos la roca a que estaba pegada como una ostra, sin ventajas y sin gloria para ella, para la sociedad ni para las artes?
—Vamos, sobrina, ¿querrás hacernos creer con toda formalidad que la sociedad humana adelantará mucho con que una mujer suba a las tablas y se ponga a cantar di tanti palpiti?
—Vaya —dijo la condesa—; bien se conoce que no sois filarmónico.