La gaviota
La gaviota —Señor duque —dijo Stein—, quizá voy a pareceros ridÃculo; pero en realidad me es imposible asistir a este espectáculo. ¿MarÃa, quieres que nos vayamos?
—No —respondió MarÃa, cuya alma parecÃa concentrarse en los ojos—. ¿Soy yo alguna melindrosa y temes por ventura que me desmaye?
—Pues entonces —dijo Stein—, volveré por ti cuando se acabe la corrida.
Y se alejó.