La gaviota
La gaviota —Tú sà que eres un imán para los extranjeros —respondió Rita—. ¿Por qué has colocado al mayor cerca de EloÃsa? Escucha las simplezas que le está diciendo. Te advierto, primo, que vas adquiriendo la facha y el garbo de un Diccionario.
—¡Dale y más dale! —exclamó Rafael, descargando un golpe a puño cerrado en el brazo del sillón—. No se trata de eso, Rita; se trata del amor que te tengo y que durará eternamente. Ningún hombre ama en toda su vida más que a una mujer, en efectivo. Las otras se aman en papel.
—Ya lo sé —dijo Rita—. Bastantes veces me lo ha repetido Luis. Pero ¿sabes lo que digo? Que te vas volviendo un cansadÃsimo reloj de repetición.
—¿Qué significa esto? —gritó EloÃsa, viendo que traÃan la guitarra.
—Parece que vamos a tener canciones españolas —dijo Rita—, y me alegro infinito. Esas sà que animan y divierten.